LAS CRUCES — Durante su cita a finales de enero de 2024, el doctor de Angelica le confirmó los resultados de su biopsia: grado 2 de cáncer cervical. Inmediatamente, necesitaba de un tratamiento agresivo. Pero recibirlo en donde habitaba en Las Cruces significaba meses de espera.
Pasó un mes, luego seis semanas, y luego dos meses. Para Abril, el doctor dijo que ya no se podía dar el lujo de posponer el tratamiento. Necesitaba urgentemente llegar a Albuquerque donde sí podría agendar una cita pronto.
“No puedo ir a Albuquerque,” Angelica (segundo nombre) respondió. “No tengo papeles. Soy indocumentada. No puedo viajar más allá del puesto de control migratorio. ¿Moriré si me quedo aquí?”
El diagnóstico dejó a Angelica en una situación de vida o muerte — una situación muy común para cada persona indocumentada que necesita asistencia médica de última instancia en las fronteras sur de Nuevo México. Sus opciones son encontrar ayuda local o arriesgarse con los puntos de control de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos que se encuentran rumbo a cada hospital de vanguardia en Albuquerque.
Las Cruces y el condado de Doña Ana — hogar de una de las áreas de Nuevo Mexico con más residentes inmigrantes — sufre de una escasez aún más prominente de doctores y médicos especialistas que el resto del estado.
Un reporte de 2023 del Comité Legislativo de Finanza encontró que el condado ya cuenta con uno de los peores déficits de doctores de cabecera. Especialistas, particularmente pediatras, son difíciles de encontrar. Y se espera que el problema solo empeore. Para 2030, se pronostica que Nuevo Mexico tenga el segundo déficit más grande de médicos en el país, con una caída proyectada de 2,118 doctores, una decadencia probablemente aún más dura a esa parte del estado.
Un desafío adicional emergió después de la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de acuerdo al caso Dobbs en 2022 que erradicó el derecho constitucional de la mujer a abortar. Un año después, más de 14,000 pacientes de Texas viajaron a Nuevo Mexico para obtener servicios de salud reproductiva. Voceros dicen que este incremento empujó a varios pacientes locales a las listas de espera, obligándolos a menudo a buscar clínicas en otras partes del estado con este fin.
El resultado es un panorama de servicios médicos que deja “aquí a un significante número de familias en una posición difícil,” dijo la alcaldesa interina de Las Cruces, Johana Bencomo. “Tenemos estos huecos gigantes que afectan casi cada necesidad médica. Es difícil para todos, pero personas indocumentadas y familias de estatus mixto están atrapadas.”
Muchos son forzados a buscar tratamiento en El Paso, una ciudad que lidia con su propia escasez severa de médicos profesionales, o viajan al norte hacia Albuquerque o Santa Fe— pasando el puesto de control fronterizo en la I-25, aproximadamente a 30 millas norte de Las Cruces. “La mayoría de gente que vive alejada de los puestos de control fronterizo no tiene ni idea de este problema.” dijo Yolanda Diaz, quien dirige Cancer Aid Resources and Education Inc, una organización sin fines de lucro en Las Cruces que conecta pacientes con servicios médicos. Diaz ha llamado la atención tanto como ha podido sobre el tema, hablando en juntas de ayuntamiento y escribiendo editoriales para periódicos alrededor del estado. A pesar de sus esfuerzos, dice que ha habido muy poco avance hacia arreglar el problema.

Obstáculos para recibir asistencia
Esta escasez de servicios locales no es la primera crisis que pone en peligro a Angelica y a su familia. Hace seis años, su hija de 12 años sufrió un derrame cerebral mientras atendía clases en Las Cruces. Murió en la ambulancia mientras era transportada al centro pediátrico de emergencia más cercano en El Paso, a 45 minutos de distancia.
“Cualquier padre que ha perdido un hijo ya no le teme a morir,” dijo Angelica. “No temía por mi cuando obtuve mi diagnóstico. Temía por mi hijo,” quien tiene 16 años. “¿Quién cuidará de él sin mi?”
Estaba más que claro: Si no recibía el tratamiento pronto, su único hijo pasaría el resto de su vida sin una madre. Así que con la ayuda de su doctor, Angelica contactó a Diaz, la vocero de pacientes, quien aceptó ayudar.
No sería fácil. Pacientes como Angelica enfrentan obstáculos que son “horribles,” según Diaz. Para empeorar las cosas, el hospital más grande y el único centro acreditado para tratamiento de cáncer en el sur de Nuevo Mexico recientemente recibió controversia después de tener acusaciones de negar servicio a pacientes sin seguro médico.
Con el tiempo pisándole los talones, Angelica y Diaz decidieron intentar encontrar una ruta alterna a Albuquerque. “El cáncer no espera,” dijo Angelica, y ella tampoco.
Listas de espera “eternas”
La escasez de acceso a servicios médicos no es algo fuera de lo común en comunidades pequeñas a lo largo de la frontera sur, ya sea en Nuevo Mexico u otros estados. Angelica — como otros residentes indocumentados en Las Cruces, la segunda ciudad más grande de Nuevo Mexico — se enfrenta obstáculos que no son comunes para aquellos que habitan en las grandes ciudades.
“He visto pacientes que esperan tratamiento un año o más para ciertas enfermedades,” Dr. Luis Padilla-Paz, el oncólogo de Angelica, dijo. “No importa que tan bien intencionados sean los médicos (en Las Cruces), hay muy pocos de ellos para cuidar de estos pacientes. Y eso compromete la perspectiva y supervivencia de los pacientes.”
En Arizona, los puntos de control se encuentran sobre el sur de centros densos en población, por ejemplo. La infraestructura de servicios médicos en California es lo suficientemente robusta que los residentes de San Diego probablemente puedan obtener ayuda local.
En comparación, Karen Kopera-Frye, una profesora de ciencias de salud pública en New Mexico State University, dice que la situación de Nuevo Mexico ha subido a niveles críticos.

Los pacientes han permanecido en listas de espera que son “eternas,” y no les queda más que buscar ayuda en otro lado. “Puedes intentar ir a El Paso pero están a reventar también,” dijo Kopera-Frye. “¿Y a dónde pueden ir los pacientes indocumentados? Si quieres buenos servicios, debes ir al norte. Pero los puestos de control no te dejan.”
Kopera-Frye también añadió que no todo es malo cuando se trata de proveer servicios básicos a comunidades vulnerables. Los centros de salud de las escuelas han tenido éxito en ciertas áreas. La región fronteriza del estado también ha tenido un número alto e inusual de centros de salud federalmente aprobados, un tipo de clínica que provee servicios médicos básicos sin importar el estatus financiero de sus pacientes.
“Pero si necesitas un especialista, mejor olvídate,” dijo Kopera-Frye.
Un riesgo demasiado grande
Existe muy poca información que muestre que tanto los puntos de control afecta la salud de las familias indocumentadas o a cuántos residentes. Es muy poco probable que inmigrantes indocumentados contesten encuestas y están entre los residentes más difíciles de analizar, lo cual resulta en una profunda falta de datos sobre su situación.
Un portavoz del centro de Aduana y Protección Fronteriza de EE.UU. le dijo a Searchlight New Mexico que la agencia raramente encuentra pacientes indocumentados en los puntos de control norte de Las Cruces. Esto podría indicar que este problema no afecta a muchas personas — o que muy pocos residentes indocumentados se arriesgan a viajar a Albuquerque por servicios médicos.
Voceros y pacientes concuerdan con lo último.
“Hay muchas familias lidiando con esto,” dijo Elizabeth, una mamá soltera de Las Cruces quien solo ofreció su primer nombre porque es indocumentada.

Madre de cuatro adolescentes, la segunda mayor de Elizabeth nació con un trastorno cromosómico que afectó sus ojos, riñones y huesos. Cuando era una bebe, la niña requería un inmenso número de citas médicas con doctores, cirujanos y terapeutas, en ocasiones tres o más veces a la semana.
Las referencias de doctores en Albuquerque le llegaban a Elizabeth por la docena. “Les preguntaba, ‘¿que no hay nadie con quien pueda llevarla aquí o en El Paso?’ Me dijeron ‘No, no hay nada. Tiene que ir a Albuquerque.’”
Dijo que era un riesgo demasiado grande. Si la patrulla fronteriza la fuera a detener, sus hijos – todos ciudadanos americanos — se quedarían sin un padre.
“Es humillante,” dijo Elizabeth. “Estos son mis hijos. Nunca me iré de su lado. Tratamos de hacer lo mejor que podemos para proteger a nuestros hijos.”
A lo largo de los años, ha podido obtener algunos servicios locales para su hija, quien ya tiene 16, usualmente después de esperar meses para una cita con los pocos doctores que pueden ayudar parcialmente sus necesidades médicas. En muchos casos, tuvo que renunciar a sus tratamientos por completo.
Deseando ir a casa
Dos meses y medio después de que Angelica recibiera su diagnóstico, Diaz pudo elaborar una manera en la que pudiera cruzar el puesto de control migratorio sin ser detectada— una ruta la cual Diaz se niega a discutir. Pero el alivio no duró mucho: Durante la primera cita médica de Angelica en Albuquerque, los doctores le dijeron que en el tiempo desde su diagnóstico, su tumor había crecido el doble.
Necesitaría al menos tres meses de quimioterapia, más un mes y medio de radiación. También se tendría que quedar en Albuquerque por la duración de su tratamiento debido a los riesgos con el punto de control. Incluso entonces, podría necesitar más tratamiento.
“¡No puedo estar aquí por cuatro meses y medio!” Angelica pensó inicialmente. “¿Cómo podría mi hijo aguantar tanto tiempo sin mí?”
En meses recientes, Angelica ha mejorado con cada dosis de quimio que, bromeando, dice que “matarían a un elefante.” Una organización sin fines de lucro en Albuquerque, que ofrece apoyo a pacientes con cáncer, le provee con vivienda — un departamento simple de una recamara en la parte suroeste de la ciudad, donde pasa sus días, con las cortinas bajas, esperando escuchar cuándo pueda regresar a casa.
“Volveré pronto,” dijo, pensando en su hijo. “Él tendrá que lidiar conmigo otros 40 años.”
Traducido por Annya Loya.
Annya Loya se graduó de la Universidad de Nuevo Mexico como Licenciada en Periodismo en 2023 y vive en Cd. Juarez, MX.


